
Si no esperas no te sobrevendrá lo inesperable (Heráclito).
Celebremos como es bebido los mejores hallazgos,
y más: las mejores búsquedas.
Lic. Edgardo Ariel Epherra
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Gioconda Belli publicó estos versos
Me escucho la respiración, aquí donde nadie respira. Y soy casi nadie: apenas un tipo que patea piedritas por las calles desangeladas del cementerio, oye el susurro de los álamos, mira las nubes y se sienta a llorar laboriosamente sobre la tumba de su padre. A la ceremonia no le falta obviedad: mocos sobre el bronce, flores podridas, y mis ojos interrogando las baldosas que bordean el mármol con su resignación de hormigas y de yuyos.
En escuelas y cabarets, en bares y sociedades de Fomento, en bibliotecas y estudios de TV, en sobremesas navideñas y charlas debate la pregunta sobrevuela, y lo que es peor, aterriza, y salpica (pero ya sin sorpresa): ¿y vos, que vivís de 'eso', cómo hacés cuando no se te ocurre nada para escribir?. Entonces hay un silencio durante el cual el interrogador espera que uno le diga 'me pego un tiro', o algo así. De modo que yo llevo encima una carta -el simulacro de una carta, si quieren-, que he fotocopiado y entrego a cada preguntón como respuesta, para no andar con desmañadas o amañadas justificaciones. ¡Es que yo no creo en la amenaza de la página en blanco!; esa batalla no me desvela, y hasta me excita, pero hasta ahí: como podría excitar una mujer totalmente desnuda, es decir, menos que otra a medio vestir o desvestir, a punto de ser acariciada o que comienza a serlo, lo cual asupicia fogosidades mejores. Y ahí está la pelea que entusiasma y enardece: mi carta habla de esa situación. Del primer encontronazo con la página, cuando el autor se ha jugado la vida de la obra apoyándole la birome a la hojita que (oh) ya no es ni blanca ni radiante. Entonces, como a una novia, como a una futura ex, uno le escribe las cosas que le pasan.