LA FERIA ESTÁ EN PAÑALES
Empezó como lo que somos. Esta 50ª edición de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires se anunciaba distinta. Y lo fue desde la vergonzosa apertura, digna en intención de contenidos, pero formalmente una de las peores de su historia. Simbólica y físicamente. Un espejo del momento político del país, astillado por las mayorías que eligieron el odio y la banalidad como forma de relación entre semejantes.
FITO, MACRI, LA JEFA Y COLAPINTO: NOMBRES DEL RETRASO
Basta ver el programa para saber que estará muy buena la Feria. Intensa, diversa. Cosmopolita. Todos los espacios vendidos. En eso también: casi argentina. Y bien Argentina, porque no arranca. Hay que esperar. Gente fastidiosa (fastidiada), ansiedad y desconcierto. ¡Parece que hasta que no llegue Fito no va a empezar! Una hora y media, más o menos. Es que hay calles cortadas por todas partes. ¿Piqueteros? ¿Jubilados? ¿Discapacitados? ¿Universitarios? Na: Colapinto. El primo Macri obstruye el paso a la Feria del Libro para la exhibición de ‘Colapa’. La historia oficial balbuceará aquí que Argentina vive un paraíso cultural gracias a la Jefa y al hermano. Así que también desde ahí, ‘la Feria está en pañales’. Pero ya va a arrancar. Hay que esperar. Paciencia.
ATAJANDO EN CHACARITA
Bravo jugar de visitante y atajar pelotazos cuando sos el cuadro chico. Lo sabe cualquiera que haya sido arquero de Chaca. Ni los violentos de la barra te salvan. Pasó de entrada en la Feria. Mientras se aprontaba la ceremonia inicial, media sala fue copada por gritones y aplaudidores oficialistas: filas enteras de mucho músculo, mirada torva y gesto tenso. Ni un triste nerd llevaron para disimular. Todos bien pesados. Barra brava de equipo chico defendiendo de visitante. "¡Argentina, Argentina!" desentonaron a los alaridos, siempre que el público verdadero desaprobaba algún regate de Cifelli, el secretario de cultura de la nación, quien tuvo que repetir dos veces lo del paraíso cultural obra del gobierno, porque los murmullos ya se hacían abucheo. El discurso fue un poco injurioso, tirando a desafiante. ‘Defendido’ por los barras.
'¡RAJEMO DE ACÁ!'
Después sí: lo más importante: el panel entre Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara y Leila Guerriero coordinado por María O’Donnell. Mujeres, contenidos, riqueza inteligente y sensible para estar a la altura de una de las convocatorias más importantes del mundo del libro. Vergüenza ajena: los del cuadrito visitante huyeron dejando parte de la sala vacía. Lástima por quienes deciden ser y actuar con tanta violencia. Oprobio y falta de respeto. Y desde el lugar de la dignidad, Gabriela Cabezón Cámara subrayó el reclamo por la Ley de Glaciares, y destacó que no sólo las mujeres llevan desventaja en el ámbito literario, sino que el racismo y la discriminación de clase imperan en el mundo editorial tanto como en el resto. La ovacionó más de media sala. Las demás eran butacas vacías, de los okupas que huyeron al sentir que no iban a entender nada, porque no les importaba ni podrían entender.
CUANDO ELLOS SE VAN EMPIEZA LA CELEBRACIÓN
(El de arriba iba a ser título del bloque final, pero funciona mejor como remate de esta crónica).
Edgardo Ariel Epherra

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