lunes, 3 de enero de 2011

Un libro "inclusivo"

BRACELI: HONDURA Y PELOTAS

     Un malentendido (o tal vez un desentendido) nos privó de encontrarnos con Rodolfo Braceli cuando éste viajó a Bahía Blanca a presentar su Perfume de gol . Apenas tuvimos tiempo para mandarle saludos y talleristas. Nuestros enviados lo escucharon conversar en la Universidad Nacional del Sur, como antes habían leído Vincent, te espero desnuda al final del libro, y varias entrevistas a Borges urdidas por este mendocino de Luján de Cuyo que es poeta, narrador, periodista, cineasta y dramaturgo. La fascinación de escuchar a Braceli, cuentan, fue equivalente a la de leer sus textos, pese a que en la reunión aquella se desaprovechó un poco al visitante (cómo sería posible aprovechar por completo a alguien así). Y finalmente a los escritores es mejor leernos que encontrarnos, de manera que aquí seguimos, él honrando al idioma con su prosa rotunda y afable, y nosotros recomendando los libros que supo alumbrar. 

     ¿Qué es Perfume de gol que no haya dicho Héctor Tizón, otro ineludible? Es un libro que tiene al fútbol como  “un gran pretexto, absolutamente válido y digno, para meditar con hondura (¡y con gracia!) sobre lo esencial de nuestra vida…”  ¿Y qué no es? No es un libro “de género”, por más que restituye a la mujer una igualdad que la distingue en territorio emblemáticamente machista, y tampoco lo es porque Braceli amaga y vistea (como su boxeador de película Nicolino) pero no entra en el juego de un género: los textos que propone participan del relato, el ensayo sociológico y psicológico, la ficción cuentística de pura cepa, la pintura costumbrista, las crónicas, pero resultan historias de vida felizmente inclasificables. Si nos apuran a la definición (con la marca encima) diremos que “Perfume…” no es un libro de Aguafuertes, pero pega en el palo. 

     El mismo Borges postuló, irrefutable, que hablar de género es hablar de expectativa: eso que cada escritor y cada lector espera cuando inaugura un libro. Mirando desde las gradas de nuestro Sumo Ciego pensaríamos que un libro formalmente elusivo podría decepcionar, pero aquí ocurre lo contrario: la obra es atrapante, porque los géneros en los que el autor apoya su narrativa no tienen sus fronteras borradas, sino transitoriamente abiertas al paso de la gente de a pie (con pelota al pie, digamos). Lo cual no expulsa a ninguno y permite entrar en juego a muchísimos más lectores. Un libro para conseguirlo antes que se agote, y para releerlo, porque es inagotable. 

Edgardo Ariel Epherra

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